MANIFESTACION DE LO SAGRADO EN LA COTIDIANIDAD

En la Sierra Nevada de Santa Marta, pueblos como los Arhuacos y los Koguis consideran el cacao colombiano un regalo de la Madre Tierra. Su consumo no es solo físico, sino también emocional, ya que fortalece la conexión espiritual con el corazón y con la comunidad.

En la Amazonía – Orinoquía Colombiana, las ceremonias de cacao combinan cantos, silencios y agradecimientos a la naturaleza, generando un ambiente de unión y recogimiento. Incluso sin estar allí. Beber una taza de cacao puro, caliente y sin azúcar puede convertirse en un acto de mindfulness: cada sorbo es un recordatorio de energía vital y gratitud, una forma de experimentar en la cotidianidad lo que para muchos pueblos ha sido un símbolo de armonía y fortaleza interior.

En regiones como Nariño, Putumayo o Caquetá, los baños de plantas forman parte del cuidado cotidiano. No son simples infusiones, son fórmulas transmitidas por generaciones para limpiar energías y aliviar dolencias. En Pasto, se mezclan plantas tradicionales como ruda, albahaca, eucalipto o manzanilla y se vierten lentamente sobre el cuerpo, generando calma y renovación. A diario, preparan un baño caliente con hierbas aromáticas locales para recrear este gesto ancestral: un momento de autocuidado que invita a soltar tensiones, agradecer y habitar el presente. Estos rituales de sanación continúan recordando que la naturaleza es una aliada en la búsqueda del bienestar.

Hace 14.00 años  los ancestros empezaron a utilizar las piedra.

Grupos de cazadores  llegaron legaron del norte, centro y sur del continente siguiendo el curso del rio atravesando montañas y selvas. Dejaron herramientas y desechos de piedra encontrados en distintos sitios del territorio como prueba de actividades cotidianas, la frabricación de instrumentos para la recolección, caza, pesca y procesamiento de alimentos.


La cultura malagna del Valle del Cauca dejaron cuentas de collar en forma de animal, posiblemente aves, hechas de esmeraldas de una gran calidad, llamados bienes santuarios, encontrados en Muzo (Boyacá) hasta el sur del país, la gente de la cultura malagna tallo en las gemas provenientes de las minas de Muzo representaciones de la naturaleza frecuentemente usadas en sus piezas rituales. 


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